“Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”
Me puse a reflexionar un poco… mi sueño: ser una gran escritora, que las historias que escribo lleguen a miles de personas, ¡que sientan este fuego que siento al escribir! Pero… a cambio de… ¿vender mi alma? No parece un trato justo.
Y divagando un poco mas, caí en la cuenta de que son muchos los escritores que terminan poniendo un valor monetario a su pasión, que quizás, lo que comenzó como un sueño, es ahora lo que le da de comer, entonces llega un punto en el que las historias que escriben son solo historias “comerciales” escritas solo por “escribir”, en la lucha por vender un libro que, sin importar la trama, la gente compre y le alimente unos días mas.
Fue entonces cuando decidí que yo no pondría un precio a mi alma. Cada historia, no solo mia, sino de cada uno de los que escribimos, posee una pequeña parte de nosotros, noches y noches de esfuerzo, de agotamiento, de imaginación, de algo tan puramente nuestro, que no es justo vender a cambio de fama o lo que sea que nos tiente a dejar nuestro objetivo.
¿Verdad que no vale la pena?
Un beso

